El Orden y la Memoria Universal
El universo está constituido por materia, energía y ondas electromagnéticas. Si bien la energía requiere de la materia para transformarse, ambas necesitan de un principio organizador superior: la frecuencia divina - la onda electromagnética suprema que podemos comprender como Dios, la cual otorga el orden celestial necesario para darles forma y cuya realidad se materializa en la acción constante de todo lo existente, desde la partícula subatómica más pequeña hasta la escala planetaria.
Esta frecuencia es el hilo conductor de toda existencia:
En la materia inerte y elemental: Se manifiesta desde la estructura del protón hasta la formación de los astros, anclando el orden en la geometría y las leyes fundamentales de la física.
En los seres vivos: Se dinamiza a través del ADN, permitiendo la evolución, la consciencia y la experiencia vital.
Somos parte de este todo. Durante nuestra existencia, al vibrar en positivo o negativo, los seres vivos generamos fonones (energía acústica y vibracional) que imprimen nuestra memoria en los cristales biológicos. Dado que el sonido no puede viajar por el vacío del espacio, al concluir el ciclo biológico estos fonones se transmutan en fotones (luz). Son estos fotones los que se liberan como ondas electromagnéticas capaces de viajar hacia el infinito, manteniendo su registro vivo en las sales minerales del polvo cósmico y conformando, así, la memoria absoluta del cosmos, el gran creador.
Analogía CAMOGEN